Cultura escrita : un análisis profundo de la lectura y la escritura en la librería santa fe y la comunidad

05/08/2008

La cultura escrita, un concepto ampliamente debatido desde la década de 1960, abarca diversas disciplinas como la teoría literaria, antropología, sociolingüística, psicología, historia, lingüística, semiótica y análisis del discurso. Este artículo explorará las diferentes definiciones de cultura escrita, sus consecuencias, su aprendizaje y su manifestación en la actualidad, con un enfoque particular en el rol de la Librería Santa Fe y la gente común.

Temario

Definiciones de la Cultura Escrita

Durante décadas, la alfabetización se limitó a la simple capacidad de leer y escribir. Sin embargo, esta concepción ha evolucionado. Las primeras discusiones académicas la vinculaban con la escritura alfabética, pero esta visión ha sido criticada por su etnocentrismo, excluyendo idiomas tonales o con sistemas fonéticos complejos. Autores como Kress (2003) destacan la variabilidad de la definición de alfabetización según el idioma y la cultura, como en el caso del chino, donde se asocia con el conocimiento de caracteres y la educación recibida.

La complejidad del concepto ha llevado a la propuesta de nuevos términos como «literacidad» (Zavala, 2002) o «letrismo», para capturar la amplitud del fenómeno. En inglés, "literacy" puede referirse a aspectos básicos de la lectura y escritura o a habilidades más complejas, incluyendo la alfabetización informática o mediática. La gran variedad de términos refleja la dificultad de definir un concepto tan multifacético. Sin embargo, algunos teóricos advierten que una definición demasiado amplia puede llevar a una pérdida de precisión, como señalan Kress (2003) y Graff (2008).

Para considerar la multimodalidad (imagen, animación, sonido, etc.), Kress propuso el concepto de multimodalidad como una forma de comprender la creación y distribución de significados en la era digital. En este contexto, la cultura escrita se relaciona con la construcción de significado de lo escrito en relación con otros medios de representación.

Consecuencias de la Cultura Escrita

La alfabetización se ha considerado un pilar del desarrollo social y económico. Desde la antigüedad hasta la actualidad, se ha vinculado con el progreso, el orden y el control (Graff, 2008; Vincent, 2000). Se promueve como clave para la consolidación de la democracia, el crecimiento económico y la competitividad global. La escuela asume la responsabilidad de formar nuevos lectores y escritores, preparando a los individuos para el mercado laboral.

Street (1984) propuso dos modelos conceptuales para entender la cultura escrita: el modelo autónomo, que la considera una actividad descontextualizada, y el modelo ideológico, que la ve como una práctica social incrustada en principios epistemológicos socialmente construidos. El modelo ideológico considera la cultura escrita como una construcción múltiple, inmersa en la comunicación oral y en las relaciones de poder, destacando la idea de "culturas escritas" en plural.

El modelo de cultura escrita de Street

Street (1984) en su obra "Literacy in Theory and Practice" distingue entre dos modelos de alfabetización: el modelo autónomo y el ideológico. El modelo autónomo considera la lectura y la escritura como habilidades técnicas, descontextualizadas y con resultados inherentes. Ejemplos históricos como el discurso de John Eaton Jr. en 1882 sobre el analfabetismo ilustran esta perspectiva, atribuyendo a la alfabetización consecuencias positivas en la civilización, la democracia y la prosperidad. En contraste, el modelo ideológico enfatiza la naturaleza social y situada de la alfabetización, reconociendo que las prácticas de lectura y escritura están intrínsecamente ligadas a contextos sociales específicos y relaciones de poder.

El modelo ideológico de Street ofrece herramientas para entender la cultura escrita como una práctica social, considerando lo que hacemos con la lectura y escritura y nuestras creencias al respecto. Street propone la idea de culturas escritas en plural, reconociendo la diversidad de prácticas y su inmersión en contextos sociales, institucionales y de relaciones de poder.

Cultura escrita y políticas

Las políticas relacionadas con la cultura escrita han reflejado un cambio en la comprensión del fenómeno. Si bien persiste la creencia en su papel transformador, se reconoce cada vez más sus dimensiones sociales y sus limitaciones como catalizador independiente del desarrollo. Una tabla comparativa de definiciones de "alfabetización" de diferentes países iberoamericanos (OEI, 2007-2015) muestra la preponderancia de una visión centrada en la adquisición de habilidades básicas dentro del contexto escolar.

País Definición
Argentina "Se entiende por alfabetismo al conocimiento de los signos del idioma con un manejo acabado de ellos"
Bolivia "Se entiende por alfabetización los conocimientos teóricos y prácticos que permiten emprender un dominio suficiente de lectura, escritura y aritmética, para seguir utilizando los conocimientos al servicio del propio desarrollo"
Brasil "Entende a alfabetização como o primeiro passo de jovens e adultos para o reingresso na escola"
Colombia "La alfabetización es un proceso formativo que desarrolla la capacidad de interpretar la realidad y transformar el entorno"
Paraguay "Está alfabetizada toda persona que puede leer y escribir -comprendiéndolo- un enunciado simple y breve que guarda relación con su vida cotidiana"
Perú "La alfabetización, reconocida como base de aprendizajes e instrumento para potenciar el papel de los individuos y sus comunidades"

La mayoría de las definiciones se centran en lo individual, en lugar de en lo social, mostrando una diferencia entre las definiciones oficiales y el pensamiento académico.

Cultura Escrita como Práctica Social

La reconceptualización de la cultura escrita como un fenómeno contextualizado ha llevado a su estudio en diversos contextos: hogar, escuela, trabajo, iglesia, etc. Este trabajo documenta cómo se logra y valora la cultura escrita y su inserción en las comunidades y su lenguaje (Freebody, 2008). Estudios sociolingüísticos (Gumperz, 1984, 1986; Duranti, 1992; Saville-Troike, 1982) analizan la cultura escrita en la interacción social, considerando la situación de uso y la dinámica interactiva entre los participantes. Lave y Wenger (1991), McDermott y Tybor (1995), Dyson (1997), Brice Heath (1983) y Street (1993) asocian el contexto con la participación y las formas de intervención en una circunstancia determinada, incluyendo situaciones de aprendizaje.

Kalman (2003-2005) distingue el acceso a la cultura escrita (condiciones sociales) de la disponibilidad (materiales y infraestructura). Autores como Brandt y Clinton (2002), Freebody (2008) y Brice Heath y Street (2008) advierten contra los "límites de lo local" en el análisis de las prácticas de cultura escrita, enfatizando la influencia de fuerzas políticas e históricas en la formación de la cultura escrita.

Bartlett y Holland (citado en Street, 2008) utilizan el concepto de "entornos figurados" para analizar el espacio donde la lectura y la escritura se logran. Estos entornos figurados se evocan a través de artefactos culturales (pizarras, libros, etc.), conectando eventos de cultura escrita con esferas sociales más amplias.

Investigaciones que recurren al concepto de capital cultural de Bourdieu señalan que el cambio social e individual a través de la cultura escrita depende de la intersección de la lectura y escritura con otras formas de conocimiento y relaciones sociales, no solo de una relación directa entre leer y escribir y movilidad social. Luke (1995) destaca la importancia de factores como la pobreza, la discriminación y la exclusión en la limitación del acceso a la cultura escrita como capital cultural.

Terminología, Medición y Aprendizaje de la Cultura Escrita

Las referencias a la cultura escrita se presentan de diferentes formas: básica, funcional, crítica y liberadora. Cada una plantea preguntas diferentes sobre la decodificación, la creación de significado, la funcionalidad, el poder y su relación con el contexto social. La alfabetización se ha definido como la adquisición de niveles básicos de lectura y escritura, o como alfabetismo funcional, relacionado con el uso de las capacidades en la vida diaria (Scribner, 1988). La cultura escrita como herramienta de emancipación, asociada con Freire (1970), la ve como un medio para comprender y transformar las relaciones sociales.

La cultura escrita crítica analiza las lecturas y escrituras, interrumpiendo y nombrando proyectos políticos (Freebody, 2008). Términos como "analfabeto", "ágrafo", "semialfabetizado" y "alfabetizado" reflejan las maneras en que se representan a quienes no saben leer y escribir (Mace, 1992). Las estadísticas de alfabetización, desde el siglo XIX, se basan en diferentes muestras del uso y competencia en el lenguaje escrito, pero Vincent (2000) resalta que el conteo de lectura y escritura se funda en un acto de discriminación.

Medición de la cultura escrita

Para propósitos de censos, la alfabetización se concibe como la suma de habilidades de lectura y escritura de los miembros de una sociedad. La medición "objetiva" de la alfabetización se utiliza a menudo en países en desarrollo, enfocándose en capacidades aisladas como el reconocimiento de letras, palabras y números. Sin embargo, una visión social de la alfabetización considera otros criterios, como el impacto de lectores y escritores en contextos donde la cultura escrita es escasa. Subramanian (2006) ve la alfabetización como un bien público, donde los miembros de un hogar que saben leer y escribir benefician a otros. Freebody (2008) destaca el papel de los mediadores y la interacción en el aprendizaje de la lectura y escritura.

Aprendizaje de la cultura escrita

Las nociones básicas de cultura escrita implican el aprendizaje del código sonido-letra a través de ejercicios mecánicos. Sin embargo, comprender el principio alfabético es un proceso de construcción del conocimiento con varias etapas de desarrollo (Ferreiro y Teberosky, 1979). Una visión más compleja se refiere al uso del lenguaje escrito para participar en el entorno social. Las perspectivas socioculturales del aprendizaje consideran la comunidad y las situaciones colectivas, destacando el papel de mediadores de cultura escrita (escribanos públicos, abogados, etc.) y redes de apoyo informales.

Kalman (2003, 2005) define el acceso a la cultura escrita como dependiente de la interacción con otros mediadores en torno a discursos y prácticas que conducen a la comprensión y respuesta a los mismos. Estudios etnográficos revelan que las diferencias en el uso de la lectura y escritura se deben a la variedad de propósitos, expectativas, posición social y vínculos con instituciones formales e informales.

Aprender a leer y escribir implica la interacción con otros, la discusión sobre textos, el uso del lenguaje con fines propios y el acceso a discursos sociales y formas de significar (Gee, 1996; Kress, 2003; Brice Heath y Street, 2008). Gee (1996) distingue entre "discursos primarios" (aprendidos en la familia) y "discursos secundarios" (aprendidos en redes sociales más amplias), enfatizando la interacción con personas fuera de las esferas cotidianas de confianza.

Nuevas Alfabetizaciones

El auge de la tecnología ha generado reflexiones sobre la "alfabetización tecnológica". Lankshear y Knobel (1997) señalan que todas las culturas escritas son tecnológicas. La alfabetización tecnológica suele referirse a los ambientes de alfabetización digital. Bigum y Green (citados por Lankshear y Knobel) distinguen cuatro definiciones: tecnología para la alfabetización, alfabetización para la tecnología, la alfabetización como tecnología y tecnología como alfabetización.

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Se debate el tipo de alfabetización que se promueve al usar la tecnología, relacionándolo con la alfabetización básica, funcional, de emancipación y crítica. El propósito del uso de la tecnología depende de los lectores y escritores. Algunos programas educativos usan la computadora solo para distribuir materiales, mientras que otros aprovechan sus capacidades dinámicas para crear representaciones multimodales.

Las "nuevas alfabetizaciones" (Street, 2008) abordan la tecnología desde la perspectiva de su inserción en configuraciones sociales y relaciones de poder. Kress (2003) describe el cambio de lógica de textos escritos a multimodales en ambientes digitales. Se plantean preguntas sobre lo que significa ser alfabetizado en la era de la multimodalidad, Internet e interconectividad (Gee, 2004; Kress, 2003; Lankshear y Knobel, 1997; Luke, 2003; Luke y Carrington, 2002; Street, 2003, 2008).

Kress (2003) destaca la capacidad para diseñar como un aspecto fundamental de la vida social y económica contemporánea. Luke (2003) plantea preguntas sobre cómo se redefinirán las prácticas de cultura escrita en el auge de las tecnologías y las nuevas formas de identidad social, trabajo, vida cívica e institucional. Gee (2004) utiliza el término "espacio de afinidad" para describir sitios donde las personas se afilian con base en intereses comunes, ofreciendo nuevas oportunidades para el aprendizaje y el conocimiento.

Implicaciones: Cerrando la Brecha entre la Práctica y la Teoría

La cultura escrita no es una variable autónoma o un factor causal único del desarrollo. Está profundamente arraigada en otras dimensiones de la vida social. La educación y la cultura escrita pueden ofrecer nuevas opciones culturales, el acceso al conocimiento y la expansión de entendimientos existentes. El aprendizaje de la cultura escrita depende de la interacción con otros, de las oportunidades para participar en eventos comunicativos y de las relaciones sociales. Para cerrar la brecha, los creadores de políticas y educadores deben cambiar su enfoque del aprendiz individual hacia la construcción de una interacción social significativa para el apoyo del aprendizaje. La cultura escrita implica prácticas sociales complejas e incluye diferentes modos de representación. En la era digital, se deben considerar las tecnologías digitales como herramientas para que los alumnos representen su conocimiento, diseñen con fines específicos y expandan sus prácticas y comprensión existentes.

En el contexto de la Librería Santa Fe y la gente común, este análisis proporciona una base para comprender cómo se manifiesta la cultura escrita en la comunidad. Se puede investigar cómo la librería sirve como espacio de acceso a la cultura escrita, cómo la gente común utiliza la lectura y la escritura para diferentes propósitos, y cómo las nuevas tecnologías impactan sus prácticas. La librería podría servir como un lugar para la investigación etnográfica de las prácticas literarias locales, ofreciendo una perspectiva rica y compleja de la cultura escrita en un contexto específico.

La cultura escrita es un fenómeno complejo y multifacético que requiere un análisis profundo para comprender su impacto en la sociedad. La Librería Santa Fe y sus usuarios ofrecen un contexto ideal para explorar estas complejidades y la interacción entre la teoría y la práctica.

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