Las brujas de zugarramurdi: libro, historia y legado

26/02/2012

El nombre de Las Brujas de Zugarramurdi evoca una de las historias más enigmáticas y controvertidas de la brujería en España. Este suceso, ocurrido en el siglo XVII en la pequeña aldea navarra, se ha convertido en un referente histórico, generando múltiples interpretaciones y dando lugar a obras literarias y cinematográficas que lo han perpetuado en la cultura popular. A diferencia de la película homónima, este artículo se centrará en la historia real, los procesos inquisitoriales y su resonancia hasta nuestros días.

Temario

El Antecedente: La Caza de Brujas en el País de Labort (1609)

La persecución de las brujas de Zugarramurdi no se entiende sin el contexto de la caza de brujas que precedió en el País de Labort, en el actual País Vasco Francés. El juez Pierre de Lancre, comisionado por Enrique IV, instigó un proceso marcado por la crueldad y la falta de rigor, basado en testimonios obtenidos bajo tortura. Sus dos libros, "Tableau de l'inconstance des mauvais anges et demons" (1612) y "L'incrédulité et mécréance du sortilege pleinement convaincue" (1622), contribuyeron a difundir el pánico a la brujería, desatando una ola de acusaciones que cruzaron la frontera hacia Navarra.

De Lancre, sin comprender el euskera, se basó en traducciones erróneas y en confesiones forzadas, llegando a la conclusión de que más de tres mil personas en Labort estaban marcadas por la brujería. Su actuación, que resultó en la quema de unas 80 personas, sembró el terror y contribuyó a un clima de histeria colectiva que se extendió a las localidades fronterizas de Navarra, especialmente Zugarramurdi.

El Caso de Zugarramurdi: La Delación

Zugarramurdi, una pequeña aldea dedicada a la agricultura y ganadería, se vio sumida en la paranoia. A principios del siglo XVII, la llegada de María de Ximildegui, una criada que había vivido en el Labort y había participado en aquelarres, desencadenó la serie de acontecimientos. Sus relatos, que involucraban a María de Juretetutorial, una vecina del pueblo, llevaron a una confesión pública de brujería por parte de varios habitantes.

Si bien inicialmente los vecinos perdonaron a los confusos, la noticia llegó al tribunal de la Inquisición de Logroño, que envió un comisario a investigar. El proceso se aceleró cuando cuatro de las mujeres que confesaron fueron encarceladas en Logroño y, bajo interrogatorios forzados, reiteraron su culpabilidad. Las cartas enviadas al Consejo de la Suprema Inquisición en Madrid, ya mostraban la creencia inquebrantable de los inquisidores en la realidad de la brujería en Zugarramurdi.

Sin embargo, un grupo de vecinos de Zugarramurdi, encabezados por Graciana de Yriart y sus hijas, se presentaron en Logroño para denunciar que sus confesiones habían sido forzadas. A pesar de ello, fueron encarceladas, lo que demuestra la falta de objetividad y el poder de la histeria colectiva sobre el proceso judicial.

El Proceso Inquisitorial y las Acusaciones

El proceso inquisitorial estuvo marcado por la obtención de confesiones bajo presión y la falta de pruebas contundentes. Los inquisidores, convencidos de la realidad de los hechos, lograron que los acusados, mediante hábiles interrogatorios, incriminaran a otros vecinos y revelaran detalles sobre los aquelarres, incluyendo la participación de niños. Uno de los inquisidores, Juan Valle Alvarado, pasó meses en Zugarramurdi recopilando denuncias, llegando a inculpar a casi trescientas personas.

La información recopilada se basa en las descripciones del aquelarre que detallaban encuentros nocturnos en un "prado del Cabrón" (Akelarre en euskera), cercano a una cueva, donde se reunían los brujos y brujas para adorar al demonio. Se describían rituales, transformaciones en animales, la elaboración de polvos y pócimas para causar daño, así como la participación de niños en estos actos. La obra de Francisco de Goya, "El Aquelarre", aunque posterior, refleja visualmente estas descripciones macabras.

Estas prácticas incluían, según las confesiones, la realización de misas negras, ritos de adoración al demonio y pactos para obtener poderes maléficos. Las confesiones relataban también prácticas de vampirismo, especialmente contra niños que eran llevados a los aquelarres.

El Auto de Fe y sus Consecuencias

El auto de fe celebrado en Logroño en noviembre de 1610 fue un evento público y masivo. Dieciocho personas fueron reconciliadas tras confesar sus culpas, mientras que seis fueron quemadas vivas y cinco en efigie. La magnitud de este acto pone de manifiesto la gravedad del proceso y la dureza de las penas impuestas. La asistencia masiva, incluso desde Francia, refleja el morbo y el miedo que envolvía el asunto.

A pesar de la aparente severidad, comparativamente con otras cacerías de brujas en Europa, el número de ejecuciones en Zugarramurdi fue relativamente bajo. Esta aparente clemencia, sin embargo, no minimiza la crueldad y la injusticia inherente al proceso. El proceso de las brujas de Zugarramurdi se convirtió en uno de los casos más importantes de la inquisición española contra la brujería.

La Investigación de Alonso de Salazar y Frías

Las dudas sobre la veracidad del proceso surgieron desde el principio, incluso dentro de la Inquisición. El inquisidor Alonso de Salazar y Frías, que no había participado en la fase inicial de los interrogatorios, cuestionó la validez de las pruebas y la credibilidad de las confesiones. Su investigación exhaustiva, realizada entre 1611 y 1613, se basó en entrevistas con los implicados, testigos y análisis de los ungüentos y pociones, que muchas confesiones habían sido obtenidas mediante coacción y tortura.

Salazar, mediante experimentos con los ungüentos supuestamente utilizados para volar, comprobó su ineficacia, destacando la naturaleza fantasiosa y la falta de pruebas materiales. Concluyó que los relatos eran producto de la imaginación, la histeria colectiva, la presión social y los interrogatorios forzados. Su informe, un documento crucial para entender el proceso, exponía las irregularidades cometidas y la falta de rigor en la investigación inicial.

Salazar, en sus informes, detallaba la presión ejercida sobre los acusados mediante promesas de libertad a cambio de confesiones, destacando también la participación de clérigos y comisarios en las torturas. Su análisis, precursor de una visión más crítica sobre la brujería, planteaba la idea de que el miedo y la presión social, junto a la falta de pruebas reales, eran los factores determinantes en las acusaciones.

El Impacto del Informe de Salazar y el Legado de Zugarramurdi

El informe de Alonso de Salazar y Frías tuvo un impacto significativo, influyendo en las posteriores instrucciones de la Suprema Inquisición. Se buscaba reparar el daño a las víctimas, evitando la exposición pública de sus sambenitos. Las nuevas instrucciones de 1614, inspiradas en las conclusiones de Salazar, marcaron el fin de la caza de brujas en España, aunque la influencia de Salazar fue mucho mayor, adelantándose a las ideas que posteriormente se difundirían en Europa en relación al tema.

El caso de las brujas de Zugarramurdi, a pesar de su oscura historia, ha dejado un legado complejo. Se ha convertido en un símbolo de la irracionalidad, la superstición, y la manipulación judicial. Sin embargo, también ha generado un interés histórico y cultural, dando lugar a estudios, obras de arte y producciones cinematográficas que, aunque a veces simplifican la complejidad del suceso, contribuyen a mantener viva la memoria de este capítulo crucial de la historia vasca.

Consultas Habituales sobre Las Brujas de Zugarramurdi

Pregunta Respuesta
¿Cuántas personas murieron en Zugarramurdi? Seis fueron quemadas vivas y cinco en efigie.
¿Quién fue Alonso de Salazar y Frías? Un inquisidor que investigó el caso y cuestionó la validez de las acusaciones.
¿Qué es un aquelarre? Según las acusaciones, una reunión nocturna de brujas y brujos para adorar al demonio.
¿Qué papel jugaron las confesiones? Fueron la base del proceso, pero muchas fueron obtenidas bajo coacción.
¿Qué impacto tuvo el caso en la historia de la Inquisición? Marcó un punto de inflexión, llevando a cambios en la política inquisitorial.

Las brujas de Zugarramurdi sigue siendo un tema maravilloso que invita a la reflexión sobre la justicia, la superstición y el poder de la histeria colectiva. Su historia, llena de contradicciones y matices, nos recuerda la importancia de un análisis crítico de los hechos históricos y la necesidad de evitar la repetición de errores judiciales.

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