20/07/2009
El desarrollo de la industria farmacéutica en México durante el periodo posrevolucionario (1917-1940) fue un proceso complejo, marcado por la interacción de factores nacionales e internacionales. Este artículo analiza sus características principales, mostrando cómo la indiferencia inicial de los gobiernos revolucionarios y la falta de un plan de desarrollo a largo plazo para las empresas locales, llevaron a la dependencia económica y tecnológica del país respecto a las empresas farmacéuticas extranjeras.
Orígenes de la industria farmacéutica
En el siglo XIX, los avances en química orgánica aplicada a la medicina en Europa transformaron la elaboración de medicamentos. Se pasó de la extracción tradicional de principios activos de plantas a la síntesis orgánica y el aislamiento de moléculas con efecto terapéutico. La Revolución Industrial contribuyó a la manufactura masiva de medicamentos, dando origen a la industria farmacéutica. Países como Alemania, Suiza, Inglaterra y Estados Unidos lideraron esta industrialización, cada uno con estrategias diferentes: Alemania e Inglaterra impulsaron la investigación aplicada, Suiza la especialización y calidad, y Estados Unidos la cooperación universidad-industria.
En México, la investigación farmacéutica del siglo XIX se realizó en institutos estatales y asociaciones privadas. El Porfiriato (1876-1911) facilitó el contacto con la ciencia europea, pero no se logró crear una industria farmacéutica nacional. La llegada de medicamentos de patente, envasados y dosificados, procedentes de Europa y Estados Unidos, revolucionó el mercado terapéutico mexicano. Algunas farmacias mexicanas comenzaron a elaborar medicamentos de marca, pero a pequeña escala, sin constituir una industria.
El periodo posrevolucionario y la llegada de la industria
Tras la Revolución Mexicana (1917), compañías farmacéuticas europeas y norteamericanas vieron en México un mercado atractivo para invertir. Empresas como Alexandre Rueff y Cía. (francesa) y Laboratorios Senosiain (mexicana) se establecieron, marcando el inicio de la industria farmacéutica mexicana. Otras farmacias y droguerías se transformaron en pequeñas empresas productoras de medicamentos, como los Laboratorios Bustillos y los Laboratorios Grisi.
En 1918, la Secretaría de Industria, Comercio y Trabajo registró solo unas pocas industrias farmacéuticas en la Ciudad de México y algunas otras en provincias. La compañía T. Bezanilla & Cía., pionera en inyectables, se destacaba por su enfoque en cumplir con las exigencias sanitarias y competir con empresas extranjeras. El Laboratorio El Águila, con maquinaria de fabricación nacional, fue una excepción a la tendencia de adaptar tecnología exterior.
El auge del medicamento extranjero y las primeras regulaciones
El auge del medicamento extranjero en las primeras décadas del siglo XX no era bien visto por los farmacéuticos mexicanos. Se cuestionaba su calidad y efectividad. En 1926, el Departamento de Salubridad Pública decretó un nuevo Código Sanitario y en 1927, implementó el primer Registro de Medicamentos, regulando la calidad y procedencia de los productos. Esta legislación fue trascendental para defender la salud pública y regular el mercado.
La Ley de Patentes de Invención de 1928 protegió durante 20 años la venta de medicamentos de patente, favoreciendo a las empresas con mayor capacidad de investigación y desarrollo, principalmente las transnacionales. La falta de investigación nacional en fármacos y la ausencia de políticas para formar investigadores contribuyeron a la debilidad de la industria nacional.
El periodo Cardenista y sus implicaciones
La llegada de Lázaro Cárdenas a la presidencia en 1934 marcó un cambio en la política industrial, con mayor énfasis en la regulación de la inversión extranjera y la aplicación de medidas proteccionistas. Sin embargo, las políticas dirigidas específicamente a la industria farmacéutica fueron limitadas. A pesar de ello, algunas medidas indirectas, como la mejora de la infraestructura de transporte y la limitación de la competencia extranjera, favorecieron a la industria farmacéutica nacional.
El apoyo financiero a la industria nacional, a través de instituciones bancarias públicas y privadas, también benefició a algunas empresas farmacéuticas, pero las transnacionales siguieron dominando el mercado. La expropiación petrolera de 1938 provocó la oscilación de los precios de los medicamentos, lo que llevó a la declaración de las medicinas como artículos de consumo necesario y al intento de controlar sus precios.
El crecimiento de algunas empresas farmacéuticas mexicanas, como los Laboratorios Higia, se dio en este contexto, aprovechando las regulaciones estatales y las ventajas arancelarias. Sin embargo, la dependencia de materias primas extranjeras se mantuvo.
El Censo Industrial de 1940 y las conclusiones
El Tercer Censo Industrial de 1940 reveló un crecimiento importante de la industria farmacéutica en México: en 1939, se contabilizaron 77 empresas con una producción anual total de 23,504,360 pesos. Aunque el número de compañías permaneció similar, la producción casi se triplicó en 5 años, reflejando un crecimiento notable. La dependencia de materias primas extranjeras aún era significativa.

A pesar del crecimiento, la mayoría de los medicamentos vendidos en México en 1939 setutorialn siendo importados. Las empresas farmacéuticas de capital mexicano habían aumentado en número y participación, pero las empresas transnacionales setutorialn dominando el mercado. El “Decreto para Fomentar Industrias Novedosas” de 1940, si bien favoreció la llegada de nuevas empresas, también incentivó la compra de tecnología extranjera.
El periodo 1917-1940 fue fundamental para el desarrollo de la industria farmacéutica en México, pero la falta de una estrategia estatal clara y decidida para proteger y fomentar las empresas nacionales llevó a una importante dependencia del exterior. La base para la futura expansión de la industria se sentó en estos años, pero el camino hacia la autosuficiencia aún estaba por recorrer.
| Empresa | Año de establecimiento |
|---|---|
| Alexandre Rueff y Cía. | 1901 |
| Laboratorios Senosiain | 1928 |
| Laboratorios Bustillos | (Transformación de botica existente) |
| Laboratorios Grisi | (Transformación de droguería existente) |
| T. Bezanilla & Cía. | (Inicios del siglo XX) |
| Laboratorio El Águila | 1919 |
| Química Industrial Bayer | 1921 |
| Laboratorios Myn | 1926 |
| Laboratorios Higia | 1933 |
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