Era victoriana: libro de difuntos, una mirada a la muerte y el duelo en el siglo xix

03/07/2012

La era victoriana, un período de grandes cambios sociales y tecnológicos, también nos deja un legado maravilloso en la forma en que se concebía y representaba la muerte. Lejos de ser un tema tabú, la muerte era parte integral de la vida cotidiana, influenciando las costumbres, rituales, y hasta la moda. Este artículo explorará la compleja relación entre la sociedad victoriana y la muerte, desde los ritos funerarios hasta la práctica sorprendente de la fotografía post mortem.

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Etiqueta Victoriana de la Muerte: Un acercamiento a lo inevitable

En la Inglaterra victoriana, antes de la generalización de los certificados médicos de defunción, era común ver y tocar el cadáver para confirmar su fallecimiento e identidad. Ni siquiera los niños se libraban de este ritual, compartiendo a menudo la habitación, e incluso la cama, con un familiar moribundo en los hogares más humildes. La muerte rodeaba a los victorianos, tanto en sus hogares como en las calles. Las procesiones fúnebres de la aristocracia eran espectáculos impresionantes, con plumas, ujieres, numerosos acompañantes y carrozas elaboradas, una tradición que se remontaba a mucho antes del reinado de la reina Victoria. La búsqueda de un entierro digno era una preocupación común en todos los estratos sociales, incluso si significaba dificultades económicas para los sobrevivientes. El mayor estigma era ser enterrado en una fosa común de indigentes.

Tras la muerte del príncipe Alberto en 1861, la reina Victoria entró en un profundo luto, incrementando la demanda pública de atuendos de luto formales, como vestidos de crepé negro y joyas de azabache. Se esperaba que los dolientes, incluidos niños y sirvientes, respetaran períodos de luto estrictamente regulados. En Australia, los funerales eran menos extravagantes y los rituales de luto menos estrictos, especialmente en las zonas rurales. A partir de la década de 1870, las reformas funerarias tanto en Gran Bretaña como en Australia impulsaron funerales más modestos y económicos, y se promovió el reciclaje o la adaptación de ropa vieja para el luto en lugar de comprar atuendos nuevos.

La Primera Guerra Mundial puso fin a los elaborados funerales victorianos y los rituales de luto cristianos en la Mancomunidad Británica. La enorme cantidad de soldados fallecidos y enterrados en el extranjero, junto con el dolor colectivo resultante, hizo que los grandes funerales y las muestras individuales de luto en casa parecieran inapropiados y egoístas.

Atuendo Victoriano de Luto: Un código de vestimenta del duelo

Para las mujeres victorianas, el atuendo de luto incluía toda clase de prendas, así como accesorios para el cabello, papelería, paraguas, abanicos y carteras. Los hombres, por lo general, solo añadían una banda negra al sombrero o guantes a su atuendo habitual. El material más asociado con el luto era el crepé de seda negra, casi exclusivamente fabricado por una sola empresa, Courtauld. El crepé tenía una cualidad opaca y sin brillo; las telas brillantes como las pieles, el satén y el terciopelo estaban prohibidas. Usar ropa colorida o favorecedora se consideraba insensible e incluso inmoral. Se creía que tener crepé en casa después del período prescrito daba mala suerte, lo que hacía que cada luto posterior fuera una ocasión costosa y extravagante.

Se esperaba que las viudas guardaran luto durante dos años y podían usar gris y lavanda solo en los últimos seis meses de "medio luto". Los niños de las familias victorianas de clase media debían usar ropa de luto negra durante un año después de la muerte de un padre o hermano. Los vestidos de las niñas a menudo imitaban el vestido de luto de su madre.

Memento Mori: Recordar la mortalidad

Los recuerdos como medallones, broches y anillos, que suelen contener un mechón de cabello y una fotografía, servían como recordatorios tangibles del difunto. Eran especialmente efectivos en Australia, donde los seres queridos podían haber muerto y haber sido enterrados lejos. Los mechones de cabello también eran obsequios sentimentales de los vivos, convirtiéndose en recuerdos poderosos después de su muerte.

Fotografía Post Mortem: La imagen de la muerte inmortalizada

La fotografía post mortem, también conocida como fotografía póstuma, era la práctica de fotografiar a los recientemente fallecidos para dejar un retrato conmemorativo para la posteridad. Esta práctica, aunque extendida por diversas culturas, es especialmente conocida en Europa y América del siglo XIX. A menudo se presentaba una controversia sobre si las primeras fotografías individuales mostraban realmente a una persona muerta o no, a menudo exacerbada por consideraciones comerciales. La fotografía post mortem continuó la tradición de los retratos fúnebres pintados.

La técnica variaba, desde intentos de simular la vida del difunto con los ojos abiertos y poses naturales, hasta imágenes que mostraban sin tapujos la realidad del fallecimiento. En ocasiones, se maquillaba al difunto o se retocaban las fotografías posteriormente, añadiendo elementos simbólicos como flores o relojes que indicaban la hora del deceso. Los niños, especialmente, eran fotografiados simulando el sueño, creando imágenes a la vez inquietantes y conmovedoras. La fotografía post mortem ofrecía a las familias un recuerdo tangible y perdurable de sus seres queridos en un momento en que la mortalidad infantil era alta y la tecnología fotográfica aún era una novedad.

Categorías de la Fotografía Post Mortem: Simulando vida, el sueño o la realidad.

Las fotografías post mortem podían encuadrarse en tres categorías principales:

  • Simulando vida: Se intentaba mostrar al difunto con los ojos abiertos y una pose natural, a menudo junto a familiares. El contraste entre la nitidez del difunto inmóvil y la posible falta de nitidez de los vivos delata la ausencia de vida.
  • Simulando estar dormido: Se usaba principalmente con niños, dando la impresión de que estaban descansando plácidamente.
  • Sin simular nada: El difunto era fotografiado en su lecho de muerte o en el ataúd, a veces con flores como adorno.

La práctica de la fotografía post mortem, aunque menos común en la actualidad, nos brinda una perspectiva única sobre la relación entre la vida y la muerte en la era victoriana, y la forma en que las familias afrontaban la pérdida y el duelo.

La mirada victoriana a la muerte: Una transición de creencias

La visión victoriana de la muerte evolucionó a lo largo del siglo XIX. Inicialmente, influenciada por creencias evangélicas, se idealizaba la “buena muerte”, rodeada de la familia y en paz con Dios. La muerte lenta, por ejemplo, por tuberculosis, se romantizaba, ofreciendo tiempo para la reconciliación espiritual y la creación de dibujos y memorias en el lecho de muerte.

Sin embargo, a partir de 1870, las actitudes comenzaron a cambiar con la disminución de las tasas de mortalidad y el aumento de la esperanza de vida. A medida que disminuía la piedad cristiana, se desarrolló una nueva comprensión de la enfermedad. La preocupación se centraba más en una muerte rápida e indolora que en preparar el alma.

La Primera Guerra Mundial marcó un punto de inflexión. La enorme pérdida de vidas, la muerte violenta lejos de la familia y el consiguiente dolor masivo, contrastaban con la imagen reconfortante de la “buena muerte” victoriana. La pandemia de gripe de 1918-1919 agravó esta situación. Tras la Segunda Guerra Mundial, el interés por la muerte se consideró morboso, y la atención a los moribundos y fallecidos pasó de la familia al hospital y a las funerarias. La muerte provocó vergüenza e incertidumbre, volviéndose cada vez más tabú. Con los tremendos avances médicos de mediados del siglo XX, la muerte se consideraba un fracaso médico en lugar de un final natural.

La era victoriana nos presenta un panorama complejo y maravilloso de la muerte, desde los aspectos rituales y sociales hasta las expresiones artísticas y la práctica de la fotografía post mortem. La evolución de las actitudes hacia la muerte a lo largo del siglo XIX nos invita a reflexionar sobre la forma en que nuestras sociedades han abordado y siguen abordando este evento inevitable.

Consultas habituales sobre la era victoriana y el “Libro de Difuntos”:

A continuación, se responden algunas consultas habituales sobre este tema:

Pregunta Respuesta
¿Qué era un “Libro de Difuntos” en la era victoriana? No existía un “Libro de Difuntos” oficial en el sentido moderno. La información sobre los fallecidos se registraba en registros parroquiales, registros civiles y, posteriormente, en certificados médicos de defunción.
¿Cómo se registraban las muertes en la época victoriana? Las muertes se registraban en registros parroquiales (para entierros religiosos), registros civiles (a partir de la introducción del registro civil) y más tarde en certificados médicos de defunción.
¿Qué papel jugaban los funerales en la sociedad victoriana? Los funerales eran eventos sociales importantes, con una elaborada etiqueta y rituales que variaban según la clase social. Eran una forma de expresar el duelo público y rendir homenaje al difunto.
¿Qué significado tenía el luto victoriano? El luto victoriano tenía un profundo significado social y religioso. Era una forma de demostrar respeto por el difunto y de mostrar el dolor de los deudos. La duración y la forma del luto también indicaban el estatus social de la persona fallecida.

La era victoriana nos ofrece una perspectiva única sobre la muerte y el duelo, un período de transición entre una visión religiosa y socialmente aceptada de la muerte y una visión más moderna, médica y privada.

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