08/08/2015
Los libros de caballería constituyen un género literario fundamental en la narrativa española del siglo XVI, alcanzando una popularidad inmensa que, inexplicablemente, ha sido silenciada por la historiografía moderna. Mucho más allá de títulos como Amadís de Gaula o Palmerín de Inglaterra, este género representa una rica y extensa producción literaria, reflejo de la cultura, creencias y visión del entorno de la época.
¿Qué eran los Libros de Caballería?
Sebastián de Covarrubias, a principios del siglo XVII, los definió como «ficciones gustosas y artificiosas de mucho entretenimiento y poco provecho». Si bien esta apreciación refleja cierta visión elitista, la realidad es que estos libros cautivaron a un amplio público, ofreciendo entretenimiento y una escapada a entornos fantásticos.

Su eclosión a finales del siglo XV y su desarrollo a lo largo de los siglos áureos se explica por la importancia que la caballería tenía en la sociedad de entonces. Estos libros, con sus héroes y aventuras, preservaban y transmitían una ideología, un sistema de creencias profundamente arraigado. La caballería, con sus códigos de honor, valentía y amor cortés, era un potente elemento cultural que estos libros recreaban y adaptaban a las necesidades de la época.
Inventario de Libros de Caballería
Cervantes, en el Quijote, sitúa el origen del género en el Amadís de Gaula, «el primero de caballerías que se imprimió en España». Esta obra no solo fijó la poética del género, sino también su diseño editorial. Los libros de caballería se caracterizaban por su gran formato (entre 100 y 300 folios), su impresión en letra gótica, su disposición a doble columna y las ilustraciones que adornaban algunas páginas. Todo ello contribuía a la solemnidad y prestancia de la obra, acercándola formalmente a los códices medievales.
Su gran formato implicaba un elevado coste inicial, aunque posteriormente su precio disminuía en el mercado de segunda mano o de alquiler. Coleccionistas como Fernando Colón o Alonso Quijano (personaje cervantino) atesoraban importantes bibliotecas de estas obras, lo que nos indica que su adquisición no estaba al alcance de cualquier lector.
En la biblioteca de don Quijote, los libros aparecen ordenados en series o ciclos, tal y como se lanzaban al mercado. El ciclo más temprano y famoso es el de los amadises, con obras como Lisuarte de Grecia y Florisel de Niquea, que expandieron el género con nuevas tramas y personajes. Otros ciclos importantes son el de los palmerines, iniciado por Francisco Vázquez con Palmerín de Olivia y Primaleón. También encontramos títulos publicados de forma individual, como Félix Magno o Felixmarte de Hircania. La cantidad de libros publicados es abrumadora, muchos de ellos hoy perdidos o desconocidos.
| Ciclo | Obra Principal | Autores Destacados |
|---|---|---|
| Amadises | Amadís de Gaula | Garci Rodríguez de Montalvo, Feliciano de Silva |
| Palmerines | Palmerín de Inglaterra | Francisco Vázquez |
| Espejo de Príncipes y Caballeros | Espejo de Príncipes y Caballeros | Diego Ortúñez de Calahorra |
Además de las obras originales, se imprimían otros textos caballerescos afines, como el Libro del Caballero Zifar o Tirante el Blanco, mostrando la riqueza y variedad de la oferta editorial.
Trayectoria Editorial y Evolución del Género
La evolución del género desde el Amadís de Gaula hasta el Quijote es compleja. Su desarrollo está intrínsecamente ligado a la imprenta, convirtiéndose en un gran éxito editorial del siglo XVI. Libreros, editores e impresores jugaron un papel crucial en la dirección de los gustos del público y la fijación del canon literario.
El reinado de los Reyes Católicos marca el inicio del género, con la publicación del Amadís de Gaula refundido por Montalvo. El reinado de Carlos V representa el periodo de mayor esplendor, con una gran cantidad de títulos publicados. La abdicación de Carlos V y el reinado de Felipe II parecen coincidir con un aparente declive editorial, aunque se setutorialn reeditando muchos títulos. La pragmática de Felipe II para controlar las publicaciones, intentando frenar las ideas protestantes, pudo influir en la publicación de nuevos libros de caballería.
Hacia finales del siglo XVI, el manuscrito se convierte en un medio frecuente de difusión del género, evidenciando la pervivencia de la narrativa caballeresca más allá de las publicaciones impresas. El descubrimiento de numerosos manuscritos en los últimos años ha obligado a replantear la historia del género.

La "Variatio" y la Poética Caballeresca
Si bien los libros de caballería comparten un fondo común de impronta medieval y repiten fórmulas, cada obra desarrolla rasgos originales que marcan la evolución del género. El género se adapta a la demanda del público mediante mecanismos como la eliminación, reducción, sustitución o transformación de materiales. Son auténticos talleres de experimentación narrativa.
Los autores ensayan técnicas como la captación de la realidad a través de la verosimilitud, intensifican los resortes metaficticios, crean nuevos tipos de personajes, revisan el modelo artúrico y experimentan con historias intercaladas, creando un diálogo permanente con otros géneros.
Los juegos metaficcionales son frecuentes, como el motivo del libro hallado y traducido. Destaca también la intertextualidad, la mezcla de materias y personajes de la literatura clásica, artúrica y carolingia. Personajes de la literatura clásica aparecen en las historias, enriqueciendo la narrativa.
Didactismo y Entretenimiento
Algunos libros de caballería desarrollan un componente didáctico, con moralidades y enseñanzas que se integran en la narración. Otros, como el Palmerín de Olivia, priorizan el entretenimiento. Muchos de ellos exploran el humor y la risa a través de personajes cómicos y situaciones divertidas. La ironía y la parodia se utilizan para criticar el amor y la propia vida caballeresca.
La Verdad de la Historia Fingida
A pesar de su carácter fantástico, los libros de caballería presentan anclajes en la realidad histórica. La fábula esconde sutiles referencias a eventos políticos y sociales de la época. Algunos libros proyectan el espíritu de conquista de los Reyes Católicos o el ideal imperial de Carlos V. Otros abordan temas como la guerra, la esclavitud o las incursiones corsarias con un realismo sorprendente.
Un subgrupo de libros, los "realistas", muestra una mayor sensibilidad a las preocupaciones políticas y sociales, ofreciendo una visión más cercana a la realidad cotidiana. Obras como Floriseo o Lepolemo exploran la realidad social de la época con más detalle.
Los Libros de Caballería y la Literatura Áurea
Los libros de caballería interactúan con otros géneros de la época, como la novela sentimental, la picaresca o la narrativa bizantina. Esta convivencia genera un mestizaje genérico que enriquece la narrativa caballeresca. Los libros integran elementos de otros géneros, creando un diálogo intertextual complejo.

La influencia de la literatura clásica es evidente, con la inclusión de personajes y motivos mitológicos. La épica italiana, especialmente el Orlando Furioso de Ariosto, también tuvo una influencia notable, especialmente en el ciclo del Espejo de Príncipes y Caballeros.
Los libros de caballería constituyen un género complejo y maravilloso, que refleja la riqueza y variedad de la literatura española del Siglo de Oro. Su popularidad, su impacto en otros géneros y su reflejo de la cultura de la época merecen un estudio profundo y una revalorización por parte de la crítica literaria. Este género, más allá de la visión simplista de Cervantes en el Quijote, representa una faceta importante de la narrativa española, una exploración de las ideologías, las creencias y la realidad social de su tiempo.
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